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La pintora argentina Liliana Golubinsky expone desde ayer en la galería Aritza toda una caravana de personajes circenses que, lejos de parecerlo que son, trasmiten un mensaje trágico de la vida. EL MUNDO COMO CIRCO TRAGICÓMICO EL SUBE Y BAJA de los tiovivos que dibuja Liliana Golubinsky contrasta con los mensajes que envía la artista argentina, que tiene una visión trágica de la vida, solo salvada por la tabla de náufrago del humor y la ironía. Los tragafuegos escupen palabras de odio, los acróbatas equilibristas no se sujetan unos a otros sino que se pisan, los titiriteros recuerdan que uno siempre tiene a su espalda un hilo que le maneja, los malabaristas se lanzan con furia las bolas... Liliana tiene una visión tragicómica de la vida, consciente de que "el hombre se pelea siempre y siempre por lo mismo" y que sólo la mirada irónica -casi un juego con motivos circenses...— permite sobrevivir Esas son las entrañas de la muestra inaugurada ayer en la galería Aritza, donde Sol Panera siempre busca un rasgo de originalidad. Tras esa misma huella pasaron Maite Viñas, la mujer de los ojos tristes, José Ramón Zabala, Gotzone Etxebarria, Begoña Bilbao, el pintor José Luis Tolosa, Alberto Herrera, Joseba Zulaika Lucila Krolovetzky, Izaskun Olabarria, Carlos Hernández, Mazne Madariaga, María Ángeles Toledo, Begoña Garay, Alvaro Grande, Irene Gordejuela y un buen número de amigos de la artista que disfrutaron con las pequeñas historias narradas por Liliana, quien incluso escribe pequeñas historias en sus lienzos que a veces deja inconclusas para desorientar al curioso espectador. La artista bonaerense, que acudió a la muestra acompañada por su hija, también decora y tapiza banquetas y taburetes, siempre utilizando el color para barnizar de luz una realidad que ella percibe gris. Escribe que los dibujos salen del alma del tercio pelo raso y blanco que cubre los asientos como si fuesen un lienzo irregular y original. Y la verdad es que el resultado es espectacular, digno de verse. Jon Mujika