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Hace años en las figuras de Liliana Golubinsky podíamos imaginar las del tapiz de Bayeux, después empezó a desplegar las batallas en las que la caballería alineada recordaba una guerra interminable que parecía mentira en su decorativismo, pero vaya si fue -si fueron- verdad. Napoleón, por ejemplo, también a caballo se hizo dueño de una superficie azul y con cientos de soldaditos avanzó de la vida a la muerte. Hoy Golubinsky ha dejado de lado algo de aquel fascinador barroquismo lírico, pero sigue fiel a su señalamiento del hombre. Lo hace ahora con unos personajes nuevos de su imaginería inconfundible, como nueva es también esta etapa que promete ser memorable. Expone, con curaduría de Fermín Fèvre, en la Galería de la Recoleta, Agüero 2502, hasta el 14 de abril, de lunes a viernes de 12 a 19 y sábado de 11 a 14.30.