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Hay imágenes inesperadas. Imágenes que parecen estar un poco fuera de nuestro momento e imágenes que no tienen el fatal visto bueno de la moda, que puede ser bobalicona y nociva. En una palabra, imágenes de hondura. Ese tipo de imágenes son las de la pintora argentina Liliana Golubinsky, que inaugura una exposici0n de su obra el próximo viernes 5 de febrero, en The Americas Collection, de Coral Gables. La artista, nacida en Buenos Aires en 1954, estudió en la Academia de Bellas Artes Augusto Bolognini, la Escuela de Bellas Artes Prilidiano Pueyrredón y, a partir de 1978, en el taller de Miguel Dávila. La expositora, galardonada con 33 premios nacionales e internacianales, trae a Miami una colección de lienzos que, por partir de uno de los mayores instrumentos de conocimiento y dominio de la realidad del hombre, la historia, paradójicamente proyectan una fantasía que se abre a la imaginación. Básicamente, las piezas de Golubinsky reúnen en su espacio: mapas, jinetes, la Figuración de la batalla, accidentes geográficos, mares, barcos, una escritura real muy fragmentaria- y una escritura irreal, quizás más relevante que la anterior, pues supone una narrativa, un discurso tumultuoso en que coinciden todos los posibles y no existen las ataduras. Esta es obra de fuerte colorido, cuyas tonalidades deliberadamente infantiles, propias de los mapas que se iluminaban prolijamente en la escuela, destilan intensidad y espontaneidad. En su confluencia topamos con el obstinado intento de la artista de dar su versión de la historia, pero sin sujetarse a sus servidumbres cronológicas y de otra índole. Es decir, los cuadros son la formulación de una historia fantástica en la que es más fácil reconocerse y situarse que en la historia que nos depara exigente la cotidianidad. Es por eso, por la posibilidad que late en estos lienzos, que sabemos que Golubinsky no se resigna a aceptar el mundo tal cual es -algo inevitable-, y para escapar de ese agobio dispone con sus pinceles, tijeras, los materiales e instrumentos de la técnica mixta, un ritual en que la historia adquiere una tensión lúdica. Se vuelve gran juego distinto. Las piezas de Golubinsky, última cabalgata, carga posible -aquella que se realiza en la intimidad del estudio- se caracterizan por una fuerte ejecución en todos los aspectos de su técnica. El colorido -básicamente los ocres y los azules que definen los siempre codiciados territorios y los no menos esenciales mares que los ciñen, protegen y hacen vulnerables- se ha trabajado de manera elemental. Hay seguridad en la pincelada espontánea, en el rasgo de la escritura que es dibujo, en las intensidades. La artista no busca, evidentemente, crear un lienzo armonioso, un ejemplo de ejecución llevada a los máximos de la impecabilidad. Y ése es un detalle clave de esta pintura. La espontaneidad de la narrativa se da por la fuerza plástica de los elementos que la constituyen, no por su acabado. De esta suerte, Golubinsky redacta plásticamente "su" historia utilizando algo fundamental al mecanismo histórico: su carácter ingobernable, sus enigmas y sus fatalidades. Ya examinando cada obra individualmente, vemos que la geografía es propia de la pintora, personalísima, sin que por ello deje de utilizar elementos de la geografía real. Así, su dilatado paisaje es una construcción en que se entrecruzan, funden y se separan épocas, hombres, personalidades y ese hombre anónimo sin el cual no hay historia. Uno de los aspectos más interesantes de esta colección son sus protagonistas, La expositora utiliza mucho el collage, y así vernos, únicas o repetidas, figuras históricas de todos los tiempos. Son fisonomías a las que nos hemos habituado a través de los libros, de la ilustración histórica. Así, desfilan por estos territorios continentales o navegan invisibles en las embarcaciones, personajes de la historia antigua, media y moderna. Hay jinetes que son puro Velázquez, conquistadores, el mismo Napoleón, indios emplumados, caballeros cruzados. Es un verdadero torbellino de hombres que arrancados de su paisaje físico y temporal siguen siendo protagonistas de la aventura dei hombre, que redactaron, para dar a esa aventura una nueva dimensión, un nuevo e inédito cariz. Tras recorrer la exposición, ajustando la imagen recién acunada de Golubinsky con la imagen que forma parte de nuestra experiencia cultural, descubrimos que no importa el paisaje, el tiempo, ni el hombre mismo. Que ese hombre, tan histórico como anónimo, tan producto de la plástica como reo de la realidad, está sujeto a un destine tan inmenso como las corrientes ingobernables de las que es ínfimo elemento. Eso es la historia, Sin embargo, sabemos por esta artista que la podemos imaginar como un sueño, aunque los pesimistas digan que nada resuelve.La exposición de Liliana Golubinsky se inaugura el viernes 5 de Febrero, a las 7 p.m., en la galería The Americas Collection, 2440 Ponce de Leon Boulevard, Coral Gables. Permanecerá abierta hasta el 1 de marzo. Horario: lunes a viernes, de 10:30 a.m. a 5:30 p.m.; y sábado, de 12 a 5 p.m.