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En los últimos años Liliana Golubinsky ha trabajado en varias series temáticas: las guerras, las batallas, las procesiones, entre otras. Sus procedimientos se han hecho por momentos muy complejos y han contenido elementos de orígenes muy diversos. Mapas antiguos, personajes muy célebres de la historia de la pintura occidental, como las figuras ecuestres de Velázquez o madonnas renacentistas, soldados de juguete, escrituras ilegibles, etc. Pero todo ese material es constantemente reinterpretado por ella através de distintos métodos. Es frecuente que sus obras tengan dos modes de aproximación que se complementan en una lectura final: el lejano, desde donde se percibe un magma pictórico expresionista, colorista y caótico (en el sentido que le otorga Luis E Noé al concepto de "caos" o también el de un dibujo en carbonilla más despojado, o las últimas obras realizadas por sumas de partes. La otra manera es la de la proximidad necesaria para la lectura de un texto. Y allí está la clave de Liliana Golubinsky: la superposición de textos. Casi ninguna figura o imagen en sus cuadros conserva su identidad primigenia. Todo es sistemáticamente reelaborado. Hay una recurrencia en los climas históricos tanto del arte como de la política universal. Si seguimos el título de su última exposición "Imágenes de la memoria" : ella memoriza para hacer el intento a través de su obra de escribir otra historia, o de manera más certera aún, de modificar intencionadamente la historia. La rectificación de los mapas es una de las manifestaciones de lo dicho. También lo son la madonna personificada como Blancanieves y sus siete enanitos u otra madonna con bambino adorada por magos, todos más diabólicos que divines. Estas relecturas de Liliana Golubinsky ponen en presencia la idea de Walter Benjamin sobre la imposibilidad de la existencia de una sola historia, las historias son múltiples. La artista, a través de una estrategia lúdica e irónica pone en cuestión íconos de reconocida centralidad en el devenir de Occidente. En una época de esteticismo generalizado, como la nuestra, no estamos culturalmente habituados a grandes gestos disonantes en sentido crítico. La obra de Golubinsky incluye un discurso juicioso y cuestionador, pero envuelto en un lenguaje propio de la tradición del arte. Revés y contradicción. Sus montajes pictóricos se inscriben en una línea que no es de ruptura en el sentido que en el pasado tuvieron las vanguardias históricas, que punza a la realidad desde un punto de vista particular. Golubinsky toma un sesgo, sin duda insólito, donde lo primero que pierden las figuras aludidas es la solemnidad: la del arte y la de la realidad. Los personajes ecuestres de Velázquez aparecen convertidos en juguetes con reeditas en las paras, o la madonna Blancanieves está acompañada por siete enanitos que no son otros que el Infante don Baltazar Carlos , también de Velazquez, multiplicado por el número del relato de Walt Disney . El humor, la ironía, son algunos de los instrumentos esenciales en los que Liliana Golubinsky fundamenta su obra. "El elemento hilarante (...) conecta con el centro del hombre, con la fuente de su energía: la indeterminación, la contradicción" (1) Estas palabras, tomadas de la interpretación que Octavio Paz hizo sobre la obra "La novia desnudada por los solteros" de Marcel Duchamp , confluyen en el cauce de nuestra exégesis. A menudo el arte nos ha transportado más allá de la realidad aparente. La obra de Liliana Golubinsky, como factor de reflexión, conmueve lo real en su acto de verificación poética. (1) Octavio Paz, Apariencia desnuda. Editorial Era, México, 1979